6 julio, 2022

TVUPRESS

Universidad Autónoma Juan Misael Saracho

“La escuela del silencio, una realidad que actualmente viven nuestros niños, adolescentes y jóvenes, silencio que atenta contra la libertad de expresar lo que se piensa y siente” (Anónimo)

 Hablar del silencio en la educación, es uno de los contenidos más poderoso y ocultos en las aulas de clases, son todas aquellas normas, valores o costumbres que se enseñan y que no es explicita en lo que enseña, por lo tanto, es bueno reconocer que en muchos colegios se enseña a los niños, adolescentes y jóvenes a callar.

La mayoría de los profesores prefieren tener estudiantes “tranquilos”, y la mayoría de los padres también prefieren que sus hijos sean así, de tal manera que cuando se presenta a los mejores alumnos no son porque realmente saben o hayan construido su conocimiento, sino porque al igual que el docente repiten conceptos y palabras de memoria, por lo tanto, nuestra gran pregunta es: ¿será que los niños, adolescentes y jóvenes son preparados idóneamente para nuestra sociedad?

Hoy en día el sistema educativo se dice ser de calidad académica porque se termina ponderando más la sumisión que las capacidades inherentes del aprendizaje. Es más, si un estudiante se aburre en clase y molesta, suele ser castigado por no comportarse bien y se los pone entre los malos que no tienen remedio, por lo tanto, llega el momento en que aprender es mejor callarse y estar en silencio.

Normalmente en los salones de clase exigen silencio para poder dar una clase, cuando esto sucede, quizá hay que preguntarse ¿realmente lo que se enseña, interesa a los alumnos?, ¿la forma de enseñanza es la correcta?, preguntas que los profesores se deben cuestionar al momento de preparar su clase, empleando nuevos métodos, donde el silencio no sea forzado, sino que se comienza a mostrar el valor del silencio desde la práctica con los estudiantes, la enseñanza del silencio en la educación se convierte en una poderosa herramienta para elevar el crecimiento del conocimiento en intercambio mutuo entre el educador y el educando. Y es aquí donde muere la pedagogía del silencio.

Cuando el profesor no logra obtener un resultado deseado por el “niño quieto y callado” recurre al grito, la sanción o la ironía. Cualquiera de ellos lastima en el marco de una relación asimétrica tal como se define el vínculo entre docente y estudiante. Educar en el silencio implica igualmente en muchos casos anular las pocas posibilidades que un estudiante tiene de pedir ayuda, de hacer oír sus problemas. De este modo se va profundizando la confianza que tienen los niños y jóvenes para expresarse, hasta que llega un momento en que aprender “es mejor callar”, que no decir nada “está bien”. Finalmente, quizás se logre callarlos, pero lo que se suele conseguir es invisibilizarlos, donde aprenden un rol que mantendrán a lo largo de su trayectoria escolar intentando pasar lo más desapercibidos posible y sobrevivir en la sociedad.

Cuando los estudiantes rompen las cadenas de la sumisión y libre expresión, ponen en práctica el verdadero silencio que les hace pensar, reflexionar y cuestionarse. Es ahí entonces que los docentes se hacen necesarios y los alumnos estudian porque es una cuestión de crecimiento integral, y sienten que nadie les puede imponer algo. De esa manera el docente será de guía y enseñará no lo que se debe, sino, lo que los alumnos en verdad necesitan.

Es muy importante que los maestros y padres de familia, sepan que todos somos diferentes en muchos aspectos, dejando al niño, adolescente y joven ser uno mismo, así para que el verdadero sentido del silencio sea herramienta más eficaz, porque desde su opinión libre y sincera, ayuda a tener una vida más feliz, descubriendo sus dones y habilidades que posee convirtiéndolas en armas más poderosas, que es el silencio.

De tal manera el concepto y las causas del fracaso escolar han cambiado durante las últimas décadas, más aún en tiempos de Pandemia, nuestra gran pregunta del modelo educativo actual es ¿prepara a nuestros niños y jóvenes para enfrentarse a la vida real?, en un mundo esencialmente diferente al que nosotros vivimos a su edad. Pero lo que es innegable es que los medios de comunicación, como parte de la sociedad que somos, compartimos la misma inquietud, la misma sensación, algo incómodo. Lo que podemos brindar a nuestra sociedad en general, es que ellos sean partícipes de nuevas iniciativas educativas, llegando hasta las aulas de los colegios y universidades, abriendo foros y debates para conocer los puntos de vista de docentes, alumnos, padres de familia y dar a conocer al gobierno las grandes falencias que se tiene, así ellos puedan dar algunas alternativas de florecimiento en la educación boliviana.

En concreto, los medios de comunicación en este tiempo, son la oportunidad de crear modelos a través de nuestros contenidos de entretenimiento, pero también de sensibilizar y movilizar a la sociedad, de generar corriente de opinión dando visibilidad y altavoz al trabajo bien hecho, fortaleciendo y difundiendo roles educativos estimulantes, innovadores y creativos.

El progreso que se tiene que hacer el sistema educativo en nuestro tiempo, consiste en dar pasos hacia delante, pero no pasos inútiles, ni pasos en falsos, sino facilitando a los estudiantes a pensar libremente y con una conciencia crítica. Por otra parte, cada ciudadano debe expresar las necesidades y las dificultades que hay en la educación, donde deben alzar la voz y no ser uno más del montón, no hay excusas, la educación es compromiso de todos, es innovación, es humanidad, no es vacío ni silencio.